Periodista especializado en temas sociales
Los problemas de salud mental salieron hace años del armario mediático y dejaron de ser un tabú para convertirse en una de las líneas de acción de políticas públicas, exigido por los votantes y por un sector de la dirigencia política.
“¡Vete tú al médico!”, le gritaba un diputado en el hemiciclo a un legislador de Más País cuando éste reclamaba al presidente del Gobierno por medidas de salud mental. Sucedió hace tres años, cuando España salía de la pandemia y los problemas de atención de la sanidad pública entre la población comenzaban a irrumpir en los platós televisivos y las cabeceras gráficas.
Aquel diputado (que luego se disculpó) ponía sobre la mesa con su exabrupto dos cuestiones fundamentales: la primera simbólica, de la falta de empatía para con los problemas de salud mental en algunos segmentos sociales. La segunda, más tangible, sobre la capacidad real de hacerle caso a su recomendación e ir a buscar ayuda. ¿Sería tan fácil o hacer caso a su sugerencia hostil sería casi un privilegio si la ayuda es buscada en el sistema público?
Una carencia estructural
En el estado español hay 7 psicólogos graduados cada 100.000 habitantes, estando la media europea en 18. España está así muy alejada de las ratios de Alemania (41), Reino Unido (18) y Francia (15). Y si bien el número de psicólogos colegiados va en aumento, la cuestión principal es la cantidad de profesionales disponibles en el Sistema Nacional de Salud.
